Hace unos días hemos recibido nuestra primera promo, un documental sobre Los Glosters, una banda de Tarragona que lleva 30 años dando conciertos y sacando discos. Le pegan al palo sixties mas pop y son contemporáneos y supervivientes del rollo mod que hubo en España a principios de los noventas, movimiento abanderado por Los Flechazos y Brighton 64 (entre otras muchas bandas), y sellos como Elephant o Animal Records.
El documental es una especie de retrospectiva de la banda y consiste en retazos intercalados de entrevistas a gente que ha colaborado con la banda, amigos y a los propios miembros de la banda, donde cuentan lo que han hecho esos treinta años y lo que significa y ha significado la banda para ellos. Rememoran su historia a través de estas entrevistas y entre medias intercalan canciones de su concierto de celebración de esos 30 años en la carretera.
En varias de esas entrevistas se habla de un asunto que a mí me ha hecho pensar, o más bien me ha hecho recordar un tema sobre el que he dado bastantes vueltas pero nunca he consegido juntar coherentemente todas esas ideas que he ido teniendo sobre dicho asunto y formar un discurso articulado. Demasiadas ideas y demasiado revueltas, me temo, pero no voy a dejar escapar esta oportunidad para darle otro intento. Juego con la limitación de que el asunto es amplio y esto se publica en una web. Si la diatriba pasa de dos mil palabras, corro el riesgo de que no lo acabe de leer ni dios, así que se van a notar mucho los brochazos, pero vamos a intentar cubrir la máxima superficie posible.
Varios de los colaboradores y amigos entrevistados comentan hacia el final del documental que, de entre todas sus experiencias con la banda, el hecho de mantenerse fieles a sus principios musicales, el haber estado 30 años aferrándose a su sonido, es de las cosas que más valoran. Uno de ellos habla de esta fidelidad como una de las cualidades principales de la banda.

Alguno o alguna intuirá ya por dónde van los tiros, pero por si no es el caso, voy a empezar desde el principio. Ian Svenonius, cantante de The Make Up y Nation Of Ulysses entre otras bandas, escribió hace ya un tiempo un manifiesto defendiendo esta manera de entender la música como algo estático (si bien yo quiero creer que lo hacía con un poso de ironía, pero no adelantemos acontecimientos). En el manifiesto atacaba a los Beatles y los usaba como ejemplo de banda comercial que emplea métodos capitalistas para multiplicar sus beneficios. Como lo oyes. De ahí lo del poso de ironía.
La idea con la que apoyaba su argumento Svenonius era que los Beatles cambiaban su sonido con cada disco para así crear una nueva moda (¿curiosidad creativa?, ¿qué mierda es eso?). Crear una nueva moda que a su vez crea una nueva necesidad de poseer nuevos objetos. Los fans (consumidores) quieren vestir a la nueva moda y tener los nuevos discos que alcanzan el número uno cada semana, hasta que se pasen de moda y vuelta a empezar.

En dos palabras, la idea era que las bandas que cambian su sonido lo hacían por motivos comerciales, y en el caso de los Beatles, todo era una idea maquiavelica de Brian Epstein. Su manifiesto, obviamente llegaba a la conclusión de que las bandas que realmente valían la pena eran las que se mantenían fieles a sus principios y dedican su esfuerzo a perfeccionar su fórmula. Creo recordar que el ponía de ejemplo a los bluesmen del delta y a Bo Diddley. El tío sabía cómo respaldar su argumento (pero también se le notaban los brochazos).

Mientras escribo esto, no puedo dejar de pensar en los Ramones, que toda su vida se agarraron a sus principios con tanta fuerza que la sangre no les llegaba a los nudillos. Sí, sí, grabaron un disco con Spector, pero si le quitas el maquillaje, ese disco suena a Ramones por todos los lados y estoy seguro que nunca pretendieron los contrario.
Ahora, démosle la vuelta al argumento: aunque lo hubiesen pretendido, ¿podrían los Ramones sonar de otra forma? ¿Sabían sonar de otra forma? Y si la respuesta es negativa, ¿es eso algo que se puede utilizar como argumento en su contra? ¿Es culpable Bo Diddley de sonar a Bo Diddley? Cambiemos de estilo para poner otro ejemplo. Francis Newton, estudioso del jazz, decia que si Louis Armstrong hubiera intentado tocar el concierto para trompeta de Haydn, habria acabado haciendolo sonar como un blues porque no sabía tocar de otra manera. ¿Le coloca eso por debajo de mentes inquietas que no dejaron nunca de evolucionar y cambiar como Coltrane o Miles Davis?
Y es que a mí, a pesar de ser fan a muerte de Billy Childish, otro que se agarra a lo suyo con fuerza titánica, no acababa de convencerme del todo el argumento del amigo Svenonius. Porque a pesar de jurar por los Cramps, uno es también muy fan de los Beatles. Y de Erkin Koray. Y de Edgar Varese. Y de Charles Mingus. Y de Las Madres del Invento.

Y aquí lo dejo (de momento) porque no trato de enumerar toda la música que me gusta, sino argumentar en contra de Svenonius. Lo que toda la vida se ha llamado hacer de abogado del diablo.
Parto por supuesto del principio de que Svenonius no decía en serio lo del enemigo capitalista beatle, sino que simplemente se inventa un malo muy escandaloso para hacer aun más válido su punto de vista.
Continuemos con los brochazos. Casi todo el mundo que pasada la juventud sigue escuchando música con avidez y malgaste parte de su salario duramente ganado comprando discos, suele empezar escuchando música un poco por casualidad y por diversos medios, radio, discos de familiares, televisión, lo que sea, todo vale. Pero llegada la adolescencia, parece que el gusto por la música no decrece sino todo lo contrario, y uno (cree) tener sus ideas musicales más claras, hace de su gusto musical su bandera y busca mentes afines. Tu tribu es tu familia y es lo que te distingue de los demás.
Pero el tiempo sigue pasando y puede que conozcas a gente que te introduce en otros tipos de música que por lo que sea te empiezan a interesar y esa música te lleva a otra y así hasta hoy, que andas metido en una espiral de yo que sé, jazz japones y música del desierto de Agadez. La curiosidad ha perdido la vergüenza y te está haciendo sudar la gota gorda pero como dice el refrán, sarna con gusto no pica.

Porque claro, dejarse guiar por la curiosidad tiene también sus contrariedades. Te aleja del sentimiento de pertenecer a una tribu, te interesan casi todas pero no tanto como antes, es un camino mas individual. Personalmente no reniego de ninguna de las músicas de las que he ido disfrutando todo este tiempo, pero el día solo dura 24 horas y los nuevos intereses indirectamente relegan al furgón de cola a otros intereses que por el motivo que sea, han perdido relevancia. También puede pasar que haya cosas que te dejen de interesar en un momento dado y que pasado un tiempo te vuelvan a llamar la atención. Y también te encuentras con bandas a las que voy a a llamar “bandas kamikaze”, bandas que te abren puertas para luego desaparecer. El ejemplo que se me ocurre en este momento son los Fuzztones. La cara que se me quedó cuando escuché por primera vez Lisergic Emanations. Y la cara que se me quedó poco tiempo despues cuando escuché a los Sonics, precisamente en el recopilatorio «Songs We Taught The Fuzztones». Y claro, después de tener el tímpano perforado por los Sonics, mi interés por los Fuzztones fue consumiendose poco a poco. Y sí, también hay algún grupo que te hace preguntarte en qué cojones estabas pensando hace 20 años, porque aquella banda que entonces jurabas era la banda sonora de tu vida, hoy te está provocando un irrefrenable impulso de incrustarte cualquier objeto punzante en los oídos para acabar con tu miseria. O simple indiferencia, que es bastante peor.

Fuzztones aparte, en mi cerebro hay un debate interminable entre mi querencia por la gente que se agarra a lo suyo, aunque lo suyo sean causas perdidas (o precisamente por eso, por ser causas perdidas), y la curiosidad y el deseo de evolucionar y probar cosas nuevas. El ser humano es una especie que tiende a buscar la seguridad en la rutina y en el hábito. Pero por otro lado la vida es algo que está en constante movimento y que no para en ningún momento y eso lleva a y conlleva cambios que están fuera de nuestro control. Y nosotros estamos ahí en medio, luchando por no salir de nuestras rutinas y a la vez, guiados por la curiosidad, intentando salir de lo habitual para descubrir algo nuevo que nos haga sentir algo diferente.
Como de costumbre, creo que yo de momento voy a tirar por la calle del medio: seguir con mi habitual rutina de búsqueda de músicas y músicos de esos que me hacen dejar lo que esté haciendo en ese momento para escuchar con atención, ya sean testarudos defensores de sus ideas o culos inquietos incapaces de dejar de mirar más allá, pero que me digan algo, me enseñen a entender y a disfrutar de la música un poco más.
persona humana de avanzada edad, pocas palabras y cierta inclinación por el lenguaje no verbal, obsesionado con los libros y la música, más de pescado que de carne y poco amigo de las mayúsculas.

entiendo que svenious abogará por el cambio de nombre cuando una banda o artista perciba que lo suyo evoluciona o está(n) tentado(s) de tocar otros palos, para así no traicionar esos principios inamovibles. lo cual sería un soberano coñazo y más ridículo: tener más nombres que discos. se me antoja a mí que la calle del medio va a ser para la que hay que exigirle al ayuntamiento más acera y mejor farola. a veces uno puede o no, a veces uno quiere o no… lo importante es que sea lo que sea salga/suene/emocione bien.
Yo también le suelo dar vueltas a asuntos de este tipo. Al final, la solución al puzzle es más fácil de lo que parece: hay que juzgar las cosas por lo que son, no por lo que no son. Criticar a los Ramones por inmovilistas no tiene sentido, sería como criticar a Muddy Waters por ser «muy blues». Y tan absurdo como pedirle a Zappa que se esté quietecito. Svenonius escribe muy bien y es muy ameno, y el ratito que lo estás leyendo te convence de que la parida de la que está hablando es irrefutable. Pero la mayor parte de ellas no tiene el menor sentido.
Yo hace mucho que tiré por el camino de la curiosidad, pero el disco que me cambió la vida fue el «volumen brutal» y lo defenderé con los puños si hace falta, aunque hace eones que no suena un disco entero de en jevy en casa.
Que complicado…hay grupos que cambian y siempre (o casi…) sacan cosas que están bien, otros siempre a lo suyo y que no cambien. A unos se les abren las costurillas y debajo se ve el color del dinero y otros parece que cambian por el gusto de tocar cosas nuevas, o porque pasan los años y sus gustos han cambiado también…
A ver si el problema es que no hay fórmula, no hay algoritmo para decidir a priori que es lo mejor. De todas formas yo introduzco una «x» para avanzar en la ecuación: Si el cambio es a más suavecito… en un porcentaje mayor al 60% es para vender más.
Desconozco el término matemático apropiado, pero se puede introducir otra variable «y» que cuantifique lo incuantificable, qué coño es «suavecito», y que mande la ecuación a tomar por culo. Porque eso para cada uno es una cosa diferente. Los jebis, por ejemplo, lo cuantifican por la cantidad de metal zone en las guitarricas, aunque lo que estén tocando sea superpasteloso, mientras que una cosa más agreste, pero con otra distorsión diferente es una mariconada. Harto estoy de discusiones de esas.
Cuando la música evolucionaba (o involucionaba, pensarán algunos) a toda ostia, los grupos cambiaban a esa misma velocidad marcando/adaptándose a las modas. Ya sea cambiando de nombre o no. No suena igual el mismo grupo en 1964 que en 1967, ni suenan igual los de 1977 en 1982. Cambiar puede estar bien (o no) y no cambiar es una decisión personal y cuestionable que también puede estar muy bien (o no). Dependerá de cada caso, digo yo. A mí, lo que me parece una chorrada son los dogmas diciendo lo que hay que hacer y lo que no.
En cualquier caso, muy buena la vuelta de tuerca poodle, Gracias por el artículo.
Atención!!
Concierto de Los Glosters en Sants-Les Corts el 2 de octubre!
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