Es 30 de septiembre de 1949. El héroe del pueblo está de cumpleaños. Lo celebra con su mujer, Tamara, y su hijo, Igor. Suena el teléfono. Cuando es descolgado una voz al otro lado concede -sí, concede- una felicitación. Es la voz de Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, el camarada Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética y Presidente del Consejo de Ministros de la Unión Soviética. Es decir: Stalin. En realidad no sabemos si esa llamada se produjo pero, dado el caso, ¿qué podría regalar Stalin a quien el Estado ya había otorgado todos sus honores?
¿Quieres ser el flamenco viejo que devolvió «La leyenda del tiempo» porque estaba «mal grabado»? Yo no. ¿«El mal querer» o «El madrileño» superarán con los años ese listón de lo trascendental? No lo se. El disco de Rosalía, por lo que sea, es un hito para la música española y como tal nos quieren vender el de C. Tangana. Pero así como no sabíamos la lectura futura -que es hoy- que recibiría el «Omega» de Morente y Lagartija Nick, sí se que estos chavales -no tanto, la treintena está ahí- han escuchado y devocionado a Camarón más que el españolito -o el secreter- medio.
Siempre he sido un negado para esto de los coches. Básicamente, me dan igual. Por ello, cuando saqué el permiso de conducir me compré mi primer automóvil a toca teja con los cuatro duros que tenía por aquel entonces. No miré mucho, sólo las cosas imprescindibles: que fuese pequeño, que fuese rojo y que tuviese un equipo decente. El resto fruslerías, bien lo sabe dios. El dueño anterior le había cogido cariño, me dijo que lo llamaba Saltapraos. A mí me pareció un buen nombre pero como ahora era mío y un coche no puede quejarse, lo rebauticé como la Jacapaca.
Se llama Clive Campbell y el 11 de agosto de 1973 es el cumpleaños de su hermana. Hay fiesta en el Bronx y lo va a hacer: dos platos, dos copias de ese plástico de James Brown con el «Give it up or turn it a loose» y a simultanear «breaks». Es Dj Kool Herc, el chico listo que sabe que si sólo pincha «break beats» -pasajes instrumentales de temas funk o jazz- podrá prolongar a su antojo el clímax rítmico en la pista de baile. El invento funciona. Él mismo se anima, agarra el micro y suelta: «B-Boys, make some nooooooise!». Y los «chicos del break» responden, vaya si lo hacen.
Dylan, en su grandiosa Love Minus Zero/No Limit, escribió: “there’s no success like failure and failure’s no success at all”. Traducido, “no hay un éxito como el fracaso y el fracaso no es un éxito en absoluto”. Las dos partes de la frase pueden ser ciertas. No solo la obvia de la segunda parte, sino también la paradójica del principio. Hay veces que para salirte con la tuya, tienes que fracasar. Un razonamiento aparentemente ilógico que, si leen esta historia hasta el final, espero que puedan hacer suyo.