Frases que hacen que me hierva la sangre. (II)

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La mayoría de frases califican a quién las pronuncia, sobre todo las máximas lapidarias. Estas no. Estas le marcan a fuego en la frente con la frase «HIJO DE PUTA» en letras mayúsculas.

No deja de ser una opinión, pero es la mía, y la defenderé hasta la última gota de tu sangre.

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Las hienas y la penúltima gran banda de rock and roll que pisó este planeta y el acelerador

motores y bragas

El «Destroyer» de los Kiss se abre con «Detroit rock city». La larga intro, con ese motor de octanaje sano y la radio emitiendo buen rollo, contrasta con el abrupto y fatal final. Está inspirada en la muerte en accidente de circulación de un fan que regresaba a casa tras un bolo de los «carapintadas». Desde la anécdota Paul Stanley reflexiona sobre lo efímero de la vida, la cruel paradoja de ir de fiesta y morir en el camino. Y uno podría atreverse a salvar la distancia del pensamiento, situarse en el asiento de al lado o en la acera cercana y preguntarse: «¿Por qué yo? ¿Por qué aquí?».

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La nostalgia de lo no vivido: The Cheap Suit Serenaders

The Cheap Suit Serenaders

La nostalgia suele ser un efecto secundario del funcionamiento poco fiable de la memoria. Por mucho que esté seguro de recordar algo con precisión, puede apostar con la seguridad del que se sabe ganador a que las cosas no fueron así. Lo que archiva con precisión su cerebro es el estado emocional (en el que intervienen muchas más cosas que el mundo externo). El resto se distorsiona a conveniencia –o se fabrica si es necesario– para encajar con ese estado emocional.

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Brute Force: Cuando la victoria reside en la derrota

Fuerza Bruta

Dylan, en su grandiosa Love Minus Zero/No Limit, escribió: “there’s no success like failure and failure’s no success at all”. Traducido, “no hay un éxito como el fracaso y el fracaso no es un éxito en absoluto”. Las dos partes de la frase pueden ser ciertas. No solo la obvia de la segunda parte, sino también la paradójica del principio. Hay veces que para salirte con la tuya, tienes que fracasar. Un razonamiento aparentemente ilógico que, si leen esta historia hasta el final, espero que puedan hacer suyo.

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